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¿Qué tipo de bitcoiner eres tú?



¿Quieres mejorar al mundo o solo quieres llenar tus bolsillos? Bitcoin es un arma, pero nosotros definimos su propósito. Sabemos muy bien que en la comunidad cripto hay de todo. Existen tantos intereses como participantes. Sin embargo, debemos reconocer que en este espacio la ideología es un elemento muy presente. En términos generales, impera una actitud antisistema muy fuerte y Bitcoin se propone básicamente como un instrumento revolucionario. Por otro lado, hay otros que eso les importa un bledo y solo quieren hacer un buen dinero. Tenemos a los misioneros por un lado y a los mercenarios por el otro. Analizamos estas dos actitudes. ¿Cuáles son los pros y los contras de cada una? 

En un artículo publicado por Anthony Pompliano, se sugiere que todo bitcoiner es un misionero bajado del cielo y todo inversor de Wall Street pertenece al bando de los malvados mercenarios. Entonces, vivimos en un mundo binario, los malos y los buenos. Es decir, Marx resucitó y ahora la lucha de clases no es entre la burguesía y el proletariado, sino entre bitcoiners y nocoiners. Existe un creador, un mesías, un villano, una lucha y la promesa de un paraíso. Los buenos son buenos y los malos son malos. ¡Bienvenido a la revolución! 

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Debo confesar que ese artículo me dejó boquiabierto. Lo que me impresionó más fue lo mucho que me recordó a los boletines propagandistas que reparten los seguidores del fallecido Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela. Eso de dividir al mundo entre buenos y malos, la revolución, y la pastillita que resolverá todos nuestros problemas. Su escrito es un trato romántico de los bitcoiners en un tono sumamente triunfalista. Yo respeto enormemente al amigo Anthony. Es un gran sujeto. Sus escritos y su podcast son excelentes. De hecho, disfruto mucho el contenido que produce. Pero me temo que con este artículo en particular cayó en el pecado de la idealización. Y el problema con esto es que, irónicamente, tanto amor resulta contraproducente. No ayudamos mucho al proyecto Bitcoin convirtiéndolo en un ídolo dorado o una vaca sagrada. Es más, lo perjudicamos. Según el amigo Anthony, ningún bitcoiner sufre de codicia. En el artículo, como ilustres ejemplos, se menciona las labores “desinteresadas” de Wences Casares, el CEO de Xapo, y Andreas Antonopoulos, que viaja por el mundo educando a todos supuestamente sin cobrar un centavo. Ambos son figuras sumamente competentes y trabajadoras. Pero Anthony en este caso exageró un poco. Dudo mucho que todos en este mercado seamos monjitas de la caridad. 

Me explico. Lo único que digo es que esto de buenos y malos es una falsa dicotomía. Las cosas nunca son tan blancas o negras. Siempre hay matices. Nosotros tenemos a nuestros bandidos, y Wall Street también. Tenemos gente buena, y Wall Street también. El sistema tiene muchas fallas. Bitcoin también tiene fallas. Las reformas son obviamente necesarias, pero los cambios vendrán gradualmente. Todo irá mejorando y luego surgirán nuevos problemas. No es cinismo, pero simple sensatez. Los romanticismos son dañinos. Es mucho más útil para el movimiento Bitcoin ser un poco más objetivos y racionales. Lo cierto es que en la comunidad cripto hay misioneros y mercedarios. Al mismo tiempo, dentro de cada bando también hay matices. Contamos con misioneros buenos y misioneros malos. Y también contamos con mercenarios buenos y mercenarios malos. Y, por supuesto, tenemos chiflados por montones.

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Los misioneros son el alma de la comunidad. Ellos aportan la pasión. El proyecto tiene sustancia gracias a los misioneros. La narrativa de los misioneros inspira a muchos y motiva bastante. Los misioneros le aportan a Bitcoin una dimensión ética que colorea el ambiente con propósito. La lucha por un mundo más libre y justo es una causa muy noble que todos deberíamos apoyar. Sin lugar a dudas, el sistema necesita ser reformado y la mejor manera de impulsar un cambio es aportando soluciones. Criticar es importante, pero aún mejor es construir. Bitcoin es rebeldía y protesta, pero también una alternativa que estamos construyendo. Todo esto es genial. Sin embargo, el asunto tiene dos caras. Porque el bando misionero también tiene un lado oscuro. La pasión en muchos casos puede transformarse en fanatismo. Las ideas se convierten en dogmas. Las propuestas se vuelven ideologías. Y los argumentos dejan de ser argumentos y se transforman en propaganda. Un proyecto falible y experimental se convierte en una utopía incuestionable y sagrada. Entonces, tenemos un culto. En otras palabras, personas insoportables y pedantes que siempre tienen la razón y tocan a tu puerta un domingo en la mañana para meterte sus dogmas por la garganta. ¡Huyan por su vida! 

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El bando de los mercenarios es igualmente curioso. Solo el nombre nos predispone a pensar mal de ellos. Y es cierto que muchos solo quieren hacer dinero y nada más. No es un crimen querer hacer dinero por supuesto, pero perseguir esta meta sin límites nos lleva a las estafas y a las injusticias. Sin embargo, no hay nada inmoral en invertir para obtener ganancias. Es una aspiración válida y legítima. En su versión extrema, claro que es indeseable. Pero en su versión moderada es sumamente útil. ¿Por qué? Bueno, los mercenarios tienden a ser muy pragmáticos y realistas. Ellos sueñan menos y hacen más. No les importa si el avión es blanco o negro, lo importante es que funcione. Las criptoempresas más grandes, de hecho, han sido fundadas por este grupo. La mayoría de los exchanges y los fabricantes de equipos mineros no participan mucho en los debates filosóficos que preocupan tanto a los misioneros. Ellos están trabajando. Que las altcoins son estafas. Que la minería es centralizada. Que los exchanges son centralizados. Que las stablecoins son dinero fíat. Bueno, a empresas como Binance, Coinbase, Ripple, y Bitmain no les importa mucho todo esto. Ellos hacen dinero. Pero no lo dicen directamente. Usan la misma técnica que los bancos y Silicon Valley. ¿Steve Jobs decía que Apple era solo una máquina de hacer dinero? Por supuesto que no. Del mismo modo, todos los CEOs de las compañías que mencioné se expresan muy bonito y según ellos todo lo que hacen es por el bien de la humanidad. Es que no pueden decir otra cosa. Sus acciones son más reveladoras que sus palabras. Así son los negocios. Pero tenemos que recordar que sin este tipo de personas Bitcoin probablemente sería en estos momentos un nicho minúsculo y sin infraestructura. Seríamos un grupito de libertarios en un café debatiendo por horas sobre el fin de los bancos y los gobiernos. 

Lo mejor es no tener que escoger entre dos bandos. Un misionero radical sería Roger Ver, un candidato a la camisa de fuerza. Y mercenarios radicales serían la gente de Onecoin, hackers sombrero negro, y criminales de la Dark Web. Tal vez lo más sensato es encontrar un punto medio. Tener la ética y la pasión, pero combinar eso con una buena dosis de realismo y pragmatismo. Dejar a un lado los dogmas y las ideologías utópicas. Observar, dudar, criticar, cuestionar, y aportar. Abandonar el romanticismo y ser más objetivos. Construir. Hacer dinero, pero con sensibilidad social. Generar riquezas en la construcción de un mundo mejor. Ser bitcoiner, pero con inteligencia y sensatez. Porque chiflados ya tenemos muchos. 





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