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notas sobre un oficio desagradable pero necesario



Bitcoin es un fenómeno social, de alcance global. 11 años después de su creación, no solo ha crecido exponencialmente, sino que ha alcanzado un nivel de descentralización tal que incluso los Estados Unidos reconocen la dificultad que implicaría censurar esta red. Bitcoin plantea un nuevo paradigma.

Pero su irrupción no solo ha generado la posibilidad de usar otro tipo de dinero, lejos del control estatal; además ha incentivado una pléyade de proyectos que intentan ofrecer nuevas cosas; que intentan ir más allá del umbral que ha dibujado Bitcoin. Las cualidades monetarias de cada cual y su propuesta de valor pueden ponerse bajo exámen, pero su existencia es una realidad.

Así, el “ecosistema” de Bitcoin y las criptomonedas se ha convertido en una fuente informativa, con una cantidad considerable de medios, con investigadores, reporteros y analistas especializados a su servicio.

Periodismo y criptomonedas

El periodismo es uno de los oficios más difíciles de llevar a cabo. Y lo digo como un periodista de facto. La observancia del código deontológico, la crítica constante con respecto al hecho de decir verdades incómodas, los pagos que no se acercan al esfuerzo depositado en las piezas, la mala calidad que a veces entregamos a nuestros editores y ellos a nuestros lectores. Aún así, es necesario. Urgente.

La imparcialidad es uno de los elementos sobre los que más se insiste, especialmente a la hora de pasar factura sobre el ejercicio del oficio. El periodista debe presentar los hechos sin inclinaciones, de manera equilibrada y con contexto, de manera que la audiencia pueda tomar sus propias conclusiones.

LEYENDA: El “cripto”-periodismo influye de manera sumamente particular en su entorno. La información en este entorno de inversión es oro, dándole un carácter performativo.

No obstante, aún cuando esta imparcialidad forma parte del ejercicio periodístico, y si bien es deseable, no siempre satisface otros principios significativos del oficio: precisión y veracidad; independencia, humanidad, y sobre todo, responsabilidad. Ser imparcial no quiere decir que los reportes deben ser condescendientes, incluso contra la propia narrativa que pueda creer o defender quien reporta. Ese es su voto.

Coincidiendo con el maestro Javier Darío Restrepo, podemos afirmar que esta responsabilidad no implica que el periodismo debe ser entendido como un poder. En su ejercicio, el ejecutante debe convertirse en una especie de asceta, pero lo más transparente posible de cara a quienes escribe.

La franqueza de su propio pensamiento será necesaria a medida que se vuelve un generador de opinión. Lo mismo los medios que dan abrigo a estos trabajadores: la apertura editorial de un proyecto no implica que este puede amparar la participación de reconocidos estafadores o proyectos dudosos en sus publicaciones; ni sobreestimar las características de Bitcoin u otros proyectos.

La búsqueda de la verdad no debe convertir a los periodistas en participantes del juego de poder. No se trata de ser censores: simplemente buscar la verdad y reportarla de la manera más clara posible. Sin vicios. No pueden ellos terminar controlando lo que las audiencias y la sociedad en general consumen como “información”.

“En cuanto el periodismo se ejerce como un poder, pierde su esencia y se convierte en otro más de los poderes que se disputan el control de la sociedad mediante el uso de la fuerza, del dinero o de las argucias de los políticos”, aseguró en algún momento el maestro Restrepo.

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Pero ¿qué tiene que ver esto con Bitcoin y las criptomonedas en general? ¿Importan los medios en este ecosistema? Al igual que en el resto de ámbitos de la vida humana, en el medio de la sociedad de la información y lo instantáneo, el papel del periodismo se hace sumamente significativo. Pero, -y aquí es donde empieza mi opinión-, en el entorno de las criptomonedas, el periodismo es un elemento fundamental por su capacidad educativa.

Esta es al menos, la apreciación de una pequeña muestra en redes sociales:

El carácter performativo del periodismo especializado

La información es un material precioso. Su difusión asertiva, siendo una materia tan particular, la convierte en un contenido performativo para traders, usuarios, curiosos, incluso puede que hasta en el caso de algunos desarrolladores.

LEYENDA: Los periodistas, en su propio ejercicio especializado, terminan realizando una actividad performativa de cara a sus audiencias.

Los medios de comunicación dedicados a esta fuente van tomando un papel educativo. Es por eso que me parece correcto decir que, en cierto modo, el “criptoperiodismo” es de carácter performativo. Si bien los propios periodistas no necesariamente ejecutan acciones en concordancia a las narrativas que presentan en sus noticias, sí pueden influir en sus lectores, al darle el privilegio de la información en un mercado donde este elemento cobra una relevancia sumamente crítica de cara a la inversión.

Así, aunada a la tarea informativa, con la dilucidación y comprobación de los hechos y su presentación en un formato digerible y adecuado a los medios digitales, los medios de comunicación del ecosistema de las criptomonedas también cumplen una labor educativa, que puede influir en la acción de los participantes de este mercado y que generalmente, tiene una reacción exacerbada cuando contrarían la narrativa con la que los inversionistas o usuarios se arrojan a participar de esta tecnología.

Mientras más elevado es el perfil del medio, más influencia puede tener el material que manejan y, en muchas ocasiones, las fuentes son más abiertas y receptivas, interesadas en posicionar su material antes que nadie en los medios.

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Sin embargo, cuando las noticias filtran información, revelan algunas carencias de los modelos de negocio, de la gestión de la tesorería o del manejo de errores críticos en el protocolo, no importa el nivel, a todos se les desacredita por igual.

Periodismo vs. FUD

Las particularidades de esta fuente y este elemento performativo en el ejercicio del “criptoperiodismo” suponen una acusación permanente: los periodistas, aprovechando su posición de difusores/educadores, son FUDers, es decir, se enfocan en publicar información que invita a los lectores a la inseguridad, a la duda (FUDers deriva de Fear, Uncertain and Doubt, que traduce como Miedo, Incertidumbre y Duda). Los medios para los que trabajan estos profesionales son fábricas de fake news. Todos los actores entienden el peso de los medios y reaccionan desproporcionadamente cuando su proyecto es objeto de críticas abiertas o investigaciones focalizadas.

Cabe decir que, como vemos en el tuit anterior, generalmente, estas acusaciones son emitidas desde centros de poder dentro del ecosistema, bien por parte de CEOs de organizaciones que gestionan el desarrollo de criptomonedas o de empresas asociadas a la industria.

A pesar de tener una responsabilidad educativa y que puede devenir en acción, se les exige una especie de imparcialidad servil, en donde las fallas, acuerdos comerciales, enfoques de márketing, posibles cooptaciones del desarrollo se disimulen o, sencillamente, no se mencionen.

Cualquier “tendencia” que se muestre desde este oficio es mal vista, no solo por el deber de la imparcialidad al reportar (un elemento que pertenece a las piezas creadas y a la posición desde la que se la escribe) sino también en redes sociales. Incluso un like puede ser tomado como parte de la expresión malsana del juicio personal de un inmaculado periodista.

Lo más increíble es que, a pesar de que algunos medios tengan una línea editorial cercana a uno u otro proyecto y generen cierta afinidad, nunca terminan de satisfacer completamente a su audiencia; los periodistas siempre pueden “hacerlo mejor” y, en algunos casos, se les da recomendaciones sobre lo que deberían hacer y desde donde construir sus historias.

Todo esto porque la verdad es incómoda. El periodismo busca la verdad, y queda claro que el periodismo es incómodo.

Cabe decir que, en esa búsqueda de la verdad el periodista se crea una opinión propia; su propio prejuicio sobre la realidad y el ecosistema, construido en base a horas de lectura e investigación que se traducen en cientos (o incluso miles) de piezas periodísticas.

¿Está mal expresarla? ¿Pone eso en tela de juicio la calidad profesional de lo que se reporta? ¿No es más transparente de cara a la audiencia? 

Algunos, incluyéndome, pensamos que es más sincero, que no demerita el ejercicio profesional y que es incluso necesario que esa opinión sea expresada, pues, aunque parezca imposible, seguimos buscando la verdad.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no representan necesariamente las opiniones de Cointelegraph.com





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