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Estamos llegando a un punto crítico. ¿Qué puede salvarnos de un nuevo colapso?



Todos los puntos son críticos durante esta crisis. Los años después de la Gran Recesión del 2008 han sido de una enorme bonanza económica. Pero todo tiene su final. Nada es para siempre. Fue bello mientras duró y, de hecho, duró más de la cuenta. Mucho se hablaba de la inminente llegada de una crisis, pero, por alguna misteriosa razón, la crisis nunca llegaba. Sin embargo, de la noche a la mañana, llegó este fulano virus del demonio para poner la gran torta. La tormenta es perfecta, porque el coronavirus no ha podido llegar en peor momento. Mientras todos esperaban que una aguja explora la burbuja, llegó una bala de alto calibre. BAM. 

Ahora bien, sabemos que estamos en crisis. Eso no es nuevo. Pero, ¿por qué se dice que julio es un mes crítico? Bueno, porque hemos llegado un cruce de caminos. Las decisiones que se tomen en julio tendrán su efecto para el resto del año. Durante este gran meollo, se han entrelazado tres complejas circunstancias que han llegado juntas para enredarnos la vida. Por un lado, está la pandemia que es un asunto de salud pública. Los contagios, las muertes, las medidas especiales y el sistema hospitalario. Luego, tenemos la crisis económica causada para las medidas del confinamiento. El confinamiento, sí. Pero un confinamiento decretado en un momento muy delicado, porque los mercados estaban sobrevalorados, la economía se estaba desacelerando y los estímulos no están funcionando como antes. 

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Técnicamente hablando, la economía no estaba mal. Los datos económicos estaban muy bien. En Estados Unidos, se tenía prácticamente empleo pleno. Y claro que había dinero. Pero se respiraba pesimismo, porque todos sentían que el próximo cheque no tendría fondos. La deuda (pública y privada), la desigualdad, el déficit fiscal y el déficit comercial empañaban el futuro. Se temía el fin de la bonanza y el coronavirus se aseguró de lograrlo. 

A la crisis económica se le suma el tema político. Este es un año electoral en los Estados Unidos. Y la tensión y división es peor que nunca. Hay una clara crisis de liderazgo en los Estados Unidos. La política en ese país se ha vuelto cada vez más tercermundista. En cualquier momento, vuelan las sillas en el Congreso. En el momento menos pensado, vamos a ver a los senadores caerse a puños. Solo cosas que únicamente se veían en países como Venezuela ahora son cotidianas en los Estados Unidos. 

Hasta el hecho de usar o no una mascarilla se ha convertido en un tema político. Salud, economía y política se han unido para crear una situación de desastre. Ahora bien, ¿por qué esto es relevante? Primero, el desempleo tiene consecuencias políticas. Genera tensión social y descontento. En año electoral, Trump necesita de un milagro para subir en las encuestas si quiere ganar su reelección. Necesita un plan audaz. Esto lo convierte en un hombre muy peligroso. Porque podría tomar medidas desesperadas. 

La economía estadounidense en estos momentos tiene dos grandes problemas: El desempleo y la deflación. La tasa de desempleo se ubica por encima del 10%. Claro que esto podría parecernos poco. Pero esta es una cifra fatal. Y no porque sea la peor tasa de los últimos 70 años. Es fatal porque la cifra, de hecho, es mucho más alta entre minorías. Y ese 10% no significa que 1 de cada 10 esté sin empleo. En realidad, significa que 1 de cada 2 hogares tiene a un desocupado. Las estadísticas suelen ser muy engañosas. En la mayoría de los casos, oscurecen la realidad. En fin, la situación es dura. 

La deflación es una gran piedra en el zapato, y en gran parte es la razón detrás de la tasa de desempleo. La caída de los precios debido a la baja demanda causa estragos en los negocios. Una reducción de los ingresos significa pérdidas y despidos. Se disminuye notablemente el crecimiento y se detiene la inversión, porque todo el mundo se pone en modo supervivencia. El único beneficiado es el dólar que se fortalece. Pero sufren las exportaciones, sufre la inversión, y sufre la economía en general. 

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La Reserva Federal ha respondido rápida y contundentemente durante esta crisis. En este caso, se hizo exactamente lo opuesto a lo que se hizo durante la Gran Depresión del siglo pasado. La Gran Depresión duró casi una década, porque no se actuó oportunamente. En aquel entonces, se creía que el mercado lo resolvería todo y la solución era hacer nada. Una idea que por cierto aún no termina de morir. 

En el espacio cripto, esta idea domina. Los criptonautas aman las ideas libertarias.  Por esta razón, las medidas de la FED siempre se reciben con gran rechazo. Esto nos llega por la influencia de los escarabajos del oro y los economistas austriacos. Sin embargo, más allá de esta opinión minoritaria en el mundo, en las grandes esferas del poder, la intervención gubernamental durante una crisis se considera necesaria. Nos guste o no. El mundo es así. Con estas bases, la FED actuó. 

Mientras la economía real está en una gran crisis, los mercados de valores están repletos de optimismo y felices de la vida con las decisiones de la FED. Bien se sabe que Wall Street adora la liquidez que la FED proporciona. Mientras los libertarios lloran, los grandes inversores celebran. De pronto, estos llantos libertarios son más por política que por economía. Porque los estímulos suben los precios en los mercados. Desde el crash de marzo, los mercados han estado en alza. 

La desconexión entre los mercados financieros y la economía real se debe principalmente a las distintas naturalezas de ambos sectores. La economía se debe esencialmente a la productividad. Los consumidores, los trabajadores, la tecnología y la globalización. Estos son procesos lentos y complejos que se ven afectados por realidades económicas, físicas y sociales. Por otro lado, los mercados financieros se relacionan más con las percepciones, las expectativas, valoraciones a futuro y la disponibilidad de dinero en el sistema. 

En esta encrucijada, tenemos señales muy mixtas. Los nuevos brotes, los reportes negativos, y los reveses en el plano económico y político. Las ganancias de los últimos meses están en peligro y un nuevo colapso es posible. Se teme un nuevo crash de los mercados.

Pero aquí entra la realidad multinivel de nuestra compleja y peculiar situación actual. Los científicos están trabajando en mejores tratamientos y en una vacuna. Esto es esperanzador. La economía está mal, pero no todo está mal. Es decir, es temporada de reportes corporativos y, aunque se esperan muchas malas noticias, hay esperanzas con algunos actores claves que podrían salvar el día. ¿Cuáles son estos héroes? Apple, Amazon, Google, Microsoft y Facebook. 

Pero, por encima de todo, el salvador número uno en todo este lío podría ser el archienemigo de todo bitcoiner libertario: la intervención gubernamental. Es decir, más estímulos, más endeudamiento, más impresión de dinero. El Donald, la FED y el tío Sam. Ellos son los únicos que puede salvar el día en estos momentos. La impresión de dinero es necesaria para impulsar la demanda, bajar la deflacion y aumentar el empleo. 

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En tiempos de elecciones, Trump querrá repartir dinero hasta más no poder. Cheques, ayudas y beneficios estarán cayendo del cielo. Las negociaciones en Washington por estos paquetes se volverán cada vez más serias. La presión está en los políticos, porque los estímulos son necesarios, pero siempre benefician primero a los ricos. Entonces, tarde o temprano, el resentimiento surgirá. Pobreza en las calles y Wall Street nadando en dinero con los cheques del Gobierno no es una fórmula muy popular entre los ciudadanos de pie. Esta crisis se está pareciendo mucho a la crisis del 2008 en ese sentido. Me refiero al tema de la desigualdad. Es año electoral y esto significa problemas. 

80% de las acciones están en manos del 10% de la población. Wall Street están dominado principalmente por blancos ricos. El dinero del tío Sam está inflando a los mercados de valores, pero está teniendo un impacto mucho más lento en la calle. Esto es causa de tensiones. La solución para Trump podría estar en más ayudas directas. La gente ama recibir un cheque, pero la batalla se dará en un Congreso polarizado y radicalizado. 

El destino de Bitcoin está unido a esta tragicomedia. La liquidez beneficia a Bitcoin. Aquí no hay dogma que valga. La FED es nuestra hada madrina. Nos guste o no. Vamos a llorar, pero nos vamos a secar las lágrimas con billetes, porque los estímulos son alcistas para Bitcoin. Por otro lado, un colapso como el que vimos en marzo podría desatar el pánico entre los inversores. Y se podría caer en la tentación de vender para refugiarse en el dólar y en los bonos. Punto crítico. Ojo por lo que pase en julio. 



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