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Acerca de la verdadera naturaleza del dinero



¿Qué es lo primero en que pensamos cuando escuchamos la palabra dinero? ¿Cuál es la verdadera naturaleza del mismo? En la respuesta a estos dos interrogantes estará una de las claves para el verdadero progreso humano en este Siglo XXI.

La Blockchain nos brinda la posibilidad de revisar el concepto de dinero y de moneda. Satoshi Nakamoto -quien quiera que sea- ideó un mecanismo virtuoso que rompió un paradigma muy antiguo de la Ciencia Económica: la causal de la emisión monetaria. La conceptualización de la “prueba de trabajo” -necesaria para la creación de Bitcoins- nos permite indagar o preguntarnos cuál es el verdadero fin de emitir moneda. En el caso de Nakamoto, es el de servir a un propósito. Tiene un fin muy claro: permitir el funcionamiento de la Blockchain, lo que implica la preparación y grabado de bloques con información fidedigna, conteniendo transacciones de valor hecha de forma directa entre personas; brindando confianza a los que realizan estos intercambios/transmisiones.

Su misión: poder crear un sistema autónomo de transferencias y pagos, de forma descentralizada y sin tener una empresa detrás -sin máquinas ni empleados propios-. Creó un mecanismo que nos permite vislumbrar la construcción de procesos para nuestra sociedad, no ya verticales/piramidales, sino horizontales. La “prueba de trabajo” es lo que les permite competir a los mineros por la chance de obtener Bitcoin. Analizado de esta manera, la emisión de los Bitcoins son el RESULTADO de un proceso considerado de valor -mecanismo que es “apreciado” o “apoyado” por la Comunidad derechohabiente de los Bitcoins-. Estamos en presencia de una “moneda” con un VALOR PREVIO, con un propósito específico.

Una moneda que ya no es una PROMESA de VALOR, como ocurre con las monedas FIAT. Estas no tienen una causal previa de valor por el cual son emitidas, no poseen un respaldo pre-existente. La emisión de monedas FIAT se centra, básicamente, en intentar influir en diferentes variables, en la órbita de un mercado. Cumplen un rol dentro de ese esquema -a veces con mayor o menor preponderancia, de acuerdo a la heterodoxia u ortodoxia de los economistas a cargo- pero funcionando siempre como el combustible para mover la oferta y demanda, junto a sus factores productivos. Cuando la distancia entre la promesa de valor y el valor real se tiende a ampliar, es cuando surgen la mayoría de los males económicos que todos/as conocemos. Necesitamos replantearnos la lógica de emisión monetaria.

El gran problema que enfrentamos hoy en día es que esta visión se está agotando rápidamente, volviendo obsoleta. La pobreza en el mundo sigue representando, prácticamente -según los últimos informes publicados por la OIT- el 50% de la P.E.A (población económicamente activa), cuestión que no logra reducirse, al menos, desde hace 20 años -cuando las Naciones Unidas empezaron a planteárselo como uno de sus objetivos-. Esto equivale a unos 1.300 Millones de trabajadores/as en todo el mundo. La Humanidad nunca ha experimentado mayor crecimiento y riqueza económica en la historia, sin embargo, vemos que la distribución de esa riqueza sigue siendo muy desigual y se mantiene altamente concentrada. Y si a esto le sumamos que el Banco Mundial nos alerta sobre la posibilidad de la desaparición de muchos de esos empleos “precarios” en los próximos años, debido a los avances de la automatización, robotización e inteligencia artificial; tenemos un “combo” explosivo, de muy difícil salida bajo la lógica actual de emisión monetaria de nuestro sistema.

Si el dinero no fluye hacia las personas -los consumidores- y/o alcanza sólo para una vida en la pobreza económica -y que termina perpetuándose o pasándose de generación en generación-; asistimos al advenimiento de pobrezas mucho más graves y dolorosas: la de no tener proyectos, ilusiones, esperanzas. Porque no hay mayor pobreza y escasez que la de no tener propósitos, ya que ellos son las que van dotando de sentido a nuestras vidas.

¿Y qué podemos hacer, entonces? ¿Seguir con una “inercia” que no nos estaría llevando a un lugar donde todos/as los ciudadanos/as estemos “cómodos/as” y “satisfechos/as” con nuestras vidas? ¿O repensar la teoría del valor, que es aquella por la cual le damos contenido y respaldo a la moneda? 

Hace ya casi 120 años, Eugen Böhm von Bawerk (1851-1914, economista y político austrohúngaro que contribuyó de forma destacada al desarrollo de la Escuela Austríaca de Economía, heterodoxa y muy crítica de las teorías clásicas, neoclásicas, marxistas y monetaristas) decía en uno de sus libros: “A pesar de los numerosos esfuerzos, la teoría del valor ha sido y será una de las partes más oscuras, más enredadas y más discutidas de nuestra ciencia”. Karl Marx decía algo muy interesante también acerca del valor, que nos puede servir para “desmenuzarlo” un poco: “Si le quitamos a todas las substancias elaboradas sus cualidades corporales, queda tan sólo una propiedad: el valor”. Tanto él, como Gottl decían que el valor era un fantasma. Silvio Gesell nos propone que, en las teorías del valor planteadas a lo largo de la historia, se le concede al mismo una importancia fundamental.

Sin embargo, nunca se aborda la pregunta: “¿qué es el valor?” y tampoco, nos dice: “la cuestión crítica del valor, planteada por Gottl: ¿Traduce la palabra valor un objeto determinado, una fuerza, una materia?”.  En definitiva, el valor parecería estar en la esencia misma de las cosas que producimos o elaboramos. Y tanto teorías como la del valor-trabajo o la de la utilidad, siempre están referidas en torno a las mercancías, los productos transables en el mercado. ¿Pero sólo encontramos valor en ellas/os? ¿Está ligada sólo a la producción material, o la esencia de lo que hacemos también tiene que ver con la producción de lo inmaterial/intangible/indivisible, de los “bienes sociales”? 

Veamos: necesitamos mirar con un poco más de profundidad en lo que hacemos en forma cotidiana, en nuestro día a día -no sólo nuestra actuación dentro de un mercado; sino también en nuestra vida y acción como ciudadanos/as-. Y formularnos las siguientes preguntas: ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es el fin último de nuestras actividades? 

Empezar a pensar en el propósito de cada cosa, y que puede estar asociado a esa esencia que nos viene siendo esquiva hasta la actualidad.

Por lo tanto, es hora de que ampliemos esa visión del valor que nos ha brindado la Ciencia Económica. Porque esta visión parcial es la que hace que nuestro sistema no logre funcionar de forma virtuosa. Es la causante de que veamos tanta pobreza económica, falta de ilusiones a pesar de que las economías crezcan. Es la causante también de daños al medioambiente -incluyendo a otras formas de vida- y de ver al planeta como un mero generador de recursos. Si ampliamos un poco esta visión, y consideramos que hay hechos de valor no perennes o inmanentes para el Ser Humano-y me refiero con esto a que no cambian con el tiempo, y siempre somos nosotros/as los partícipes necesarios para producirlos-; y que el dinero o moneda no es ya sólo un motor de la actividad de mercado; sino que puede convertirse, además, en una representación de una parte de valor que existe y está por fuera de la esfera de mercado -con acciones/hechos que no son, ni pueden ser arbitrados, bajo una mirada de oferta/demanda y de precio/tarifa-; pero que son tanto o más necesarios que esos bienes y servicios que producimos y circulan en nuestras economías.

Esa nueva visión del valor es una visión de valor aumentada. Que puede “entretejer” o agregar a la esfera del mercado, una nueva esfera de valores intangibles -valores que son motorizados por la voluntad y acción humanas para lograr alcanzar sociedades sustentables, sostenibles e inclusivas-. Donde el ciudadano/a es el actor/a principal, está en el centro de la ecuación. Pasamos a crear una nueva esfera de valor, que es ahora monetizable -gracias a este concepto que nos trae la Blockchain, como lo es la “prueba de trabajo”- y que tiene que ver con la esfera de lo que hoy denominamos “de lo social” -las acciones y transacciones que hacemos entre ciudadanos/as cada día por fuera de la lógica de mercado-. Estos bienes intangibles o sociales son los que cada uno de nosotros/as tenemos para aportarle a la sociedad, para alcanzar objetivos en común. Esto nos abre la puerta a una conversación que nos debemos dar a escala global: ¿cuáles son aquellos valores/propósitos que impulsamos como Sociedad; y detrás de los cuales necesitamos “encolumnar” a todos/as los ciudadanos/as del mundo para lograrlos? Los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas (ONU) pueden ser un gran punto de partida. Porque el poder alcanzar un resultado positivo en cada uno de ellos, podrían ser el verdadero respaldo del dinero o monedas, podrían ser su valor previo, esa esencia del valor que tanto buscamos. 

Hoy tenemos una capacidad económica “dormida”, que tiene que ver con la emisión monetaria. Al ver el dinero sólo como motor de la actividad de mercado, dejamos de lado otra gran capacidad que posee: el de motivar al Ser Humano a mejorar, a contribuir con ese buen ambiente social que es necesario para que el mercado prospere y rinda sus mejores frutos. Esta nueva visión aumentada para la Ciencia Económica es lo que nos permitiría unir estas dos esferas del valor -la del mercado y la social-. Una no puede existir sin la otra. Y la Blockchain puede ser la “goma de pegar” que nos permita conectarlas. Empezar a generar monedas globales que se emiten/generan como respuesta a ese esfuerzo de cada ciudadano/a del mundo en aportar su “granito de arena” para poder alcanzar esos valores globales que nos lleven a tener esas sociedades que tanto necesitamos construir -y de forma urgente-. Mucho hablamos de cuáles son esos nuevos empleos que se crearán ante la desaparición de otros, y que mejor que crear esos trabajos fuera de la lógica de mercado, que por su propia génesis busca siempre la mayor eficiencia -y está perfecto que así sea-. Que sean inclusivos y que fomenten la construcción de comunidades transversales por propósitos. Que nos ayuden a sentirnos parte de algo, nos amalgamen sin importar las fronteras, razas, nacionalidades o credos.

Esto puede sonar a una utopía, claro. Sin embargo, este tipo de dinero a empezado a surgir en forma de criptomonedas. Y tenemos ejemplos que ya impactan y buscan alcanzar diferentes ODS de la ONU. Las propuestas de la cripto vegana (VeganCoin) o la de los colectivos LGTBIQ (LGTB Token) son casos muy innovadores. La primera busca frenar la emisión de gases nocivos a la atmósfera -a través de un cambio en la alimentación-, pero además nos permite desalentar (o eliminar) la cría y matanza de animales para el consumo de alimentos, buscando lograr una producción y consumo responsables -con foco particular en los ODS 11 y 12-. La segunda, buscando la igualdad de derechos para colectivos de personas que no encuentran posibilidades de trabajo en la esfera tradicional de mercado -impactando de lleno en los ODS 5 y 10-. Otra cripto pionera en este campo es la Solarcoin -existente desde el año 2014- que, gracias a su objetivo de promover las energías limpias y renovables, acciona en múltiples ODS (el 13 de Acción por el Clima, pero también en los ODS 7, 6, 9 y 12). Y podría enumerar otras con propósitos y focos diferentes -en funcionamiento o planteadas como proyectos-: la Curecoin -cura de enfermedades, existente desde el año 2014 también, parte de la iniciativa Folding@Home de la Universidad de Stanford, EEUU-, Arbil -Acción por el Clima, propone la emisión de moneda por la captura de cada tonelada de gases de efecto invernadero de la atmósfera-, EcoDocta -reciclado de basura-, Learningcoin -aprendizaje, una moneda emitida por aprender-, Healthcoin -salud, que quedó trunca, pero el concepto que planteaba nos abre la mente. Una moneda que emitimos por mantenernos sanos, que tiene mucho sentido cuando vemos que uno de los graves problemas en muchos países, es poder mantener funcionando los sistemas de salud con calidad y cobertura a toda la población. Las inversiones necesarias (sean del sector público o privado) ya son casi imposibles de sostener. El que le emitamos dinero a las personas que se van manteniendo sanas, porque nos hacen “ahorrar” y permitir que funcione mejor el sistema, es un buen hecho generador o causal de emisión de moneda. Pero además del ahorro, hay otros beneficios más intangibles, entre ellos, tener ciudadanos/as más saludables y felices-.

Continuar con la visión actual del dinero, que se enfoca sólo en los procesos de mercado, nos priva de ampliar su campo de acción a problemas y propósitos colectivos que son cada día más urgente de alcanzar como Sociedad Global y que, por su alta complejidad e interdependencias, ni los Estados de forma individual o empresas privadas -mediante el concepto de venta de un producto o servicio- podrán hacerlo. Para solucionarlos y alcanzarlos, necesitamos el “concurso” de todos/as nosotros/as a escala planetaria. Es menester definir una visión, una estrategia global de “hacia dónde vamos” como colectivo humano, como especie. 

Finalmente, la emisión de moneda recae y es potestad de las personas; y su respaldo está dado en las acciones que nos lleven al lugar que necesitamos y acordamos como Sociedad -plataformas Blockchain de creación de valor por propósitos humanos-. Porque el dinero representa esos acuerdos comunitarios, y para cada ciudadano/a que contribuye a lograrlo, es la propia sociedad la que le emite ese “certificado de valor”, de que lo hizo. Y este certificado -disponible en una Blockchain a manera de token- es lo que le servirá para accionar en la esfera del mercado. Ya no necesitaremos depender de la creación de empleos humanos -o sufrir su falta- en dicha esfera. Ya no será necesario que algunos Estados generen puestos de trabajo públicos para “compensar” el desempleo del mercado.

Lo que necesitamos hacer es ponernos a pensar en esos hechos generadores de valor humano, que pueden y deben ser representados por una emisión de moneda. Hechos de valor qué, como Comunidad, acordamos que nos ayudarán a construir las bases de esas sociedades sostenibles, sustentables e inclusivas. Esto nos permitiría quitarle presión, al mismo tiempo, a la esfera de lo público, como a la de lo privado. Y esto es posible sólo con hacer un simple “click” en nuestras mentes, con un simple giro de 180 grados, en la forma en que comprendemos el valor que tiene o representa el dinero. Pasando de una visión lineal, con impacto sólo en el mercado. A una visión multidimensional, basada en propósitos y bajo una perspectiva humana, de los objetivos a alcanzar en nuestras sociedades -con la posibilidad de hacerlos crecer y cumplir de forma exponencial-. Un dinero que responda a valores previos, pre-existentes y basados en la voluntad y trabajo humanos por resolver los problemas en común.

Minando entonces “valor humano”, para luego utilizarlo en el desarrollo del mercado. Si todos/as logramos “perseguir” dinero que ya contenga un componente humano previo de valor, seguramente sentemos las bases en este Siglo XXI de una Economía Global no sólo sustentable y sostenible, sino también inclusiva. Gracias a la tecnología Blockchain, hoy ya podemos empezar a comprender cuál ha sido siempre la verdadera naturaleza del dinero. 

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Los puntos de vista, pensamientos y opiniones aquí expresados son únicamente de los autores y no reflejan ni representan necesariamente los puntos de vista y opiniones de Cointelegraph.

Alejandro Sewrjugin: Hacktivista. CriptoEconomista y Graduado en Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Orador TEDx y Conferencista. Autor y Profesor. Alejandro es el creador de Economia PHI, una teoría del valor que transforma de forma radical nuestra noción del “dinero” -apoyada en la tecnología Blockchain, el concepto de “prueba de trabajo” y el algoritmo PHI- para impulsar una Economía basada en Propósitos, bajo una Perspectiva Humana; con el objetivo de hacer frente a los grandes desafíos globales que tenemos actualmente como Humanidad.





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